El cuerpo informa mucho. Pero yo desconozco las leyes del espíritu: él divaga. A mi pensamiento, con la enunciación de las palabras que brotan mentalmente, sin yo hablar o escribir después, a ese mi pensamiento de palabras lo precede una visión instantánea, sin palabras, del pensamiento, palabra que vendrá casi inmediatamente, con una diferencia espacial de menos de un milímetro. Ante de empezar, pues, ya he pensado. Supongo que el compositor de una sinfonía tiene solamente el “pensamiento antes del pensamiento” y ¿es algo más que una atmosfera lo que se ve en esa rauda idea muda? No. En realidad es una atmósfera que, coloreada ya por el símbolo, me hace sentir el aire de la atmósfera de donde todo viene.
Clarice Lispector. Un soplo de vida






