Escribir es acercarse al lugar donde habita solo el lenguaje. Su cauce.
Intentar ver ese río. Sumergirse en él, ¿se puede?, o tan solo se observa, ¿se describe su fluir?
¿Es esa experiencia, la de observar, el arrobamiento? ¿O es más bien el baño el arrobamiento?Hay que desnudarse para sumergirse en el agua. Y el vestido es el «yo».
¿Las místicas no tienen un acceso directo a esto?
¿Y algunos escritores también? ¿O lo buscan porque no pueden ir más allá?
Más allá puede haber la locura. La locura del lenguaje discurriendo solo. Es un río, y un río te arrastra. Está en su naturaleza.
Pienso en Hölderlin, en Rilke.
RV





